18.5.08

LA LLORONA

Cuando los españoles sientan reales en América, comienza un proceso de mestizaje incontenible, a pesar de los esfuerzos por evitarlo, realizados por misioneros y jefes. El amor entre los soldados y nativas, estaba por encima de los intereses económicos y religiosos que motorizaron la conquista. Estas relaciones, clandestinas en principio, aceptadas gradualmente luego, generó sublimes historias, pero desnudó muchas veces la miseria humana que expuso el español en su relación con los nativos. Encontramos aquí, es probable, algunos elementos que conforman el origen de las fabulaciones sobre la presencia de mujeres encarnadas en espantos americanos. Las apariciones de ellas en solitarios caminos o apartados parajes, tuvieron distintas justificaciones y distintos objetivos en los regentes sociales que las generaban, esparciendo las historias mediante la transmisión oral.
Algunas veces es un alma en pena purgando pecados incestuosos, otras una mujer que abandonó a su marido y vaga pagando su deuda, o una madre que mató a sus hijos por lo tanto la condena es inevitable. La presencia de aparaciones de mujeres se verifica en Colombia, Argentina, Puerto Rico, México, Chile. En cada lugar tiene un nombre carcterístico y aparece por distintas razones. Ya sea para castigar a algún novio o marido adúltero, para proteger con su compañía a algún alma piadosa, o simplemmente para contar su pena.
En México dicen que una princesa inca se enamoró de un apuesto funcionario español, con quien tuvo apasionado romance. Cuando nace el hijo (bastardo para el civilizado) no podían mostralo públicamente, por lo tanto la joven lo ahoga en un arroyo cercano a la ciudad. Tiempo más tarde, el español debía cumplir con ciertas reglas que su círculo social imponía, por lo tanto contrae matrimonio de conveniencia con una española. El arrepentimiento y el dolor hicieron presa de la nativa, que pierde la razón. Todos los atardeceres llega hasta el lugar del crimen, para derramar lágrimas y gritar su dolor. Su actitud no comprendida y su conducta despreciada tanto por el conquistador como por los de su sangre, aceleró su muerte. Desde entonces, afirman, cada atardecer se oberva a una mujer que vaga gimiendo sin rumbo en las cercanías del curso de agua, y cuando alguien se aventura solo por esos lugares, lo acompaña llorando, pidiendo que escuchen sus cuitas. Sólo consigue espantar a los caminantes ocasionales.
La versión conocida en Costa Rica, tiene orígenes más cercanos. Dicen allí que una joven que vino del campo a la ciudad para trabajar como doméstica en una casa acomodada, se enamora del señorito de quien tiene un hijo. Apenas descubierto su embarazo es despedida. También en su hogar encuentra incomprensión. Allí la rigurosa moral católica hace que sus padres la expulsen del hogar, y sea despreciada por sus familiares y amigos. Como acto deseperado ahoga al niño en un arroyo, lo que le produce un dolor incontenible, llevándola a la muerte. Después de su deceso, dicen vaga la Llorona por los caminos buscando castigar a las madres desamoradas o para contar a algún caminante su desgracia.
Es indudable que estos relatos practicados en ruedas nocturnas especialmente, despertaban el interés de auditorios jóvenes y de seres temerosos. Advertida esta característica por los ancianos, aprovecharon éstos, para transmitir mediante estas historias determinados valores morales. En aquellos lugares olvidados de dios, no había escuelas, es decir que la transmisión sistemática de la cultura se hizo mediante estos relatos. Por eso en toda América, se atemorizó a las muchachas, para que resistan ante el llamado irresistible de sus impulsos amorosos, muchas aprovechado despiadadamente por inescrupulosos señoritos