18.5.08

SIXTO PALAVECINO

Nació en la localidad de Barrancas, departamento Salavina, en el año 1915. Su infancia se desarrolló a orillas del río Dulce y su pasión por la música casi nació con él.
A los 13 años tuvo su primer violín. El primer conjunto folclórico del que formó parte fue "Corazón de madera", con una trascendencia notable en Santiago del Estero, especialmente en los departamentos quichua-parlantes.
Junto a su violín, inseparable compañero, difunde el folclore santiagueño y la lengua quichua que amó desde su cuna.
Defensor ferviente y difusor del quichua, sus composiciones bilingües y sus traducciones de canciones, poemas e inclusive libros del español al quichua, son su sello característico.
Fue mentor y creador del "Alero Quichua Santiagueño". Entusiasmó con su idea a Felipe Corpos, Vicente Salto y Domingo Bravo, entre otros estudiosos e investigadores del tema. Esta agrupación cultural nativista, cuyo lema es "Ama Sua, Ama Llulla, Ama Ckella" (Ni ladrón, Ni mentiroso, Ni holgazán), impulsó un programa radial que lleva más de 30 años en el aire, con gran audiencia sobre todo en el interior provincial y cuya temática sirve para afianzar un dialecto que es sinónimo de la identidad cultural del pueblo santiagueño.
Ha compartido escenario con grandes estrellas de la música nativa, como León Gieco, Mercedes Sosa y toda la familia Carabajal.
Su vida inspiró a un importante escritor santiagueño, el Prof. Lisandro Amarilla, quien en 1993 hizo su biografía novelada, a la que llamó "El violín de Dios".
En 1997 recibió un merecido homenaje de la Presidencia de la Nación Argentina por su aporte cultural.

Hoy, a los 88 años, don Sixto es un hombre que camina dificultosamente con ayuda de un andador y se le nota que sufre, que los dolores lo atormentan de día y de noche. Hace varios años que no puede empuñar su querido violín, sin embargo, durante nuestra conversación mantiene abierto el estuche y una y otra vez roza su instrumento con ternura, casi una caricia. No esconde sus dolores, pero a pesar de todo se mantiene erguido, un poco como los quebrachos viejos de los montes de Salavina. Y cuando habla parece un hombre joven, a veces hasta hay un brillo pícaro en sus ojos, más propio de un chico travieso que de un anciano. Cuenta de su niñez montuna, de los corderos y cabritos que cuidaba, de su primer violín de factura propia escondido en el quebracho, de sus maestros de música que fueron los pájaros del monte, de los rezabailes, carnavales y velorios antiguos, de la peluquería de Salavina y de sus deseos y aspiraciones en la vida. Ya no está para polémicas, ni para recordar malos momentos, ni para desenterrar rencillas que hubo. Don Sixto ya ha hecho las cuentas y no tiene porqué volver sobre los detalles. Balance y memoria son altamente favorables. Cualquiera diría que eso es ser un hombre feliz: el que ha conseguido en la vida todo lo que se propuso. En su vida gravitaron tres temas: su familia, su música y su lengua. Fue feliz con su mujer y sus hijos le salieron derechos, estudiaron y siempre lo acompañaron. Como músico no sólo fue exitoso sino reconocido en círculos que rebasan ampliamente el público natural de un violinisto sachero. Y en cuanto a su lengua materna ha hecho historia ocupando un lugar en ella que trataremos de analizar.
Sixto Palavecino nació en Barrancas, Salavina, en el medio del monte santiagueño, en 1915. Era un muchacho campesino extraordinariamente talentoso, inclinado hacia las artes, quien muy pronto conquistó su lugar entre los músicos santiagueños. Pero hubo algo que no dejó de atormentarlo: la relación con su lengua, la quichua tan amada por él y tan despreciada por propios y ajenos. La problemática debe haber surgido en la escuela rural donde se le quiso inculcar a fuerza de comentarios sarcásticos y a golpes de puntero también, el desprecio de lo que tan suyo sentía. Y en su casa la propia madre reforzaba los mandatos oficiales, de pura buena, porque amaba a su hijo y quería un futuro mejor para él. El propio Sixto relata en el triunfo Kichwap Waan como ella se sentía obligada a inducirlo a abandonar su idioma, sin poder, por otra parte, darle las bases necesarias en castellano: Mamay noqát wijchuara, kichwap rimachis, rimayta kastillapi mana yachachis (mi madre a mi me echó, hablándome en quichua, a hablar en castellano, sin enseñarme). Recién en la flor de sus años y ya siendo un músico de prestigio, en los años 50, don Sixto supera lo inculcado y protagoniza lo que podríamos llamar su "destape" como quichuista, documentado en su chacarera doble Penqakus kawsajj karani (Avergonzado vivía). Refiriéndose a la situación objetiva del idioma, diagnostica olvido colectivo, falta de memoria individual y desprecio público. En cuanto a su situación personal, plantea su dilema socio-lingüístico: por un lado la vergüenza de su propio idioma y por el otro una dolorosa incompetencia en el idioma dominante. Aparentemente el círculo vicioso de desprecio, autodesprecio y silencio, que genera más desprecio, es tan profundo que no deja romperse si no es por iniciativa de la sociedad identificada con el idioma dominante. Son las actividades a favor del quichua del profesor Bravo (como maestro de escuela representante cabal de la cultura dominante) que le dan el espaldarazo que necesita para animarse a cantar las coplas y chacareras que tanto tiempo había callado. Y para su sorpresa le va bien. Se rompe entonces el embrujo del silencio y la vergüenza se convierte en orgullo. A partir de los primeros años 50 comienza a integrar temas en quichua en su repertorio dedicado a los no quichuistas y cada vez más siente la defensa del quichua como una vocación tan fuerte como la propia música. En 1969 solicita y consigue en Radio LV11 un lugar para un programa en quichua. En 1978 funda, conjuntamente con Vicente Salto, Felipe Corpos, Julio Ayunta, Domingo A. Bravo y otros el Alero Quichua Santiagueño. Esta fundación es un paso decisivo en la historia de la lengua, porque significa la representación del quichua por parte de los propios quichuistas a nivel institucional frente a la sociedad dominante.
No hay duda de que Sixto Palavecino es la figura más importante en la cultura quichuista de los últimos cincuenta años.

1) Cuidando su identidad --> Download CD Pass: folkloreando.blogspot

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3) Videos MPA - ZAMBA - CHACARERA




Temas:
Sacha Sachanmanta 02:28 - Como el Sacha Mishi 02:02 - Suyasuspa 03:32 - La Huajchita 02:03 Coplas de Vidala 02:59 - El Súpayp Ckaran 01:46 - La Ronquera 02:27 - La Atamishqueña 02:10 - Gato del Vidalero 01:42 - Canto a Roldán Benavídez 03:45 - Coplitas Amanecidas 02:17
Chaina Causani 02:06 - El Tasigastero 01:47 - Por Amor 02:23

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Disco Subido por cortesía de Agustin de Ezeiza

2 comentarios:

Ramiro dijo...

El mejor! un idolo de verdad, siempre cuidó la cultura quechua santiagueña. Admirable como escribia y se movilizaba para protejer nuestra identidad que se nos borraba

Hugo Cesar Yapura dijo...

hay que aclarar que el quichua no es de santiago es un idioma peruano que lo llevaron los padres cuandoevangelizaron alosindios de santiago que no eran quichuas sino juries con su propio idioma lo que pasa es que los juries al ser un pueblo pobre y no tan adelantado selo desprecia ellos son el verdadero origen de santiago y su lengua la verdadra lengua de todo santiageño